Cuando se dejan atrás los miedos, las creencias limitantes y las viejas programaciones mentales, nuestro ser comienza a sentir la fuerza real del sol. Esto sucede porque nuestra vibración se eleva y se conecta más profundamente con nuestra esencia divina.
Muchas de estas capacidades también se desarrollan con práctica y dedicación.
Así, comenzamos a percibir energías y presencias de luz provenientes de otras dimensiones. A veces no las vemos con los ojos, pero las sentimos en el corazón; otras veces sí, ya sea en meditaciones, en estados de calma profunda o en momentos de silencio, a través de formas físicas, luces, destellos o vibraciones que transmiten paz y sabiduría.
Este es un proceso natural de evolución que nos ayuda a confiar en lo invisible, a encontrar claridad cuando surgen las dudas y a vivir más conectados con quienes realmente somos. Lo importante es fluir y acompañar cada proceso sin apegos, condicionamientos ni dudas. No hace falta ser otra persona, solo recordar lo que ya somos.